Vuelo Lima-Buenos Aries, experiencias, anecdotas, primer viaje en Avion Argentina

Vuelo Lima-Buenos Aries, experiencias, anecdotas, primer viaje en Avion Argentina.
Llegó la hora del Viaje Lima-Buenos Aires Argentina en avión y con turbulencias, que experiencia tan dura: ver como en la más densa oscuridad se cuela un destello y la aeronave se sacude como un potro salvaje. Prosigo mi odisea.

En el post anterior, Viaje Bogotá-Lima-Experiencia y opiniones estaba arribando al aeropuerto internacional Jorge Chávez.De nuevo transporte público que nos dejó dentro del terminal aéreo, migración (carachas solo tengo 1 hora para resolver lo del check in, el pasabordo y tomar el vuelo respectivo rumbo hacia el sur del continente). Pregunté a 9 personas del aeropuerto (sí, léase bien, 9; 8 no sabían y 1 me dio otra de esas clara instrucciones donde queda uno más perdido que antes). Corriendo con mis maleticas, osé preguntarle a un señor de una panadería(tal este vio mi cara de angustia-y de perdido- y despacio supo indicarme).Llegué a la puerta de embarque  respectiva, como quien no quiere la cosa, le indagué a una hermosa empleada de aerolíneas argentinas, con mi papelito de la agencia de viajes impreso, qué hacía para tener la respectiva tarjeta de embarque; solicitó mi documento de identidad y me dió el añorado pasaje.
Sediento, corrí en busca de algo de tomar.Una tienda, si puede llamarse así captó mi atención, tomé un jugo que me parecía adecuado (justo una marca nacional) y, dado que no tenía moneda peruana, pregunté si podía pagar en dólares, claro que sí señor, saqué uno de los escasos billetes de U$50, me miraron horrible, yo ya había destapado el dichoso refresco, ni modo, me dieron cambio y, pese a que se me hizo horrorosamente caro, lo disfruté.No había wi-fi gratuito o abierto como en Bogotá pero ni modo. Por dentro me moría de las ganas de decirle a mi familia que ya estaba a medio camino; el detalle era que casi a las 11 de la noche no había nadie levantado.Y sin conexión, menos.
Me pareció gracia luego de cerca de 4 horas volando (sentado), quedarme de pie frente a la entrada para abordar el avión. Pues las bellas señoritas, ni cortas ni perezosas: "pedimos a los pasajeros que por favor esperen la salida del vuelo, sentados". No me quise sentar, estaba cansado, así que me alejé un poco pero  seguí de pie. De nuevo las famosas filas selectivas, ubicar el puesto, etc. Quedé en la mitad del avión en medio de una despampanante canadiense que, lo que tenía de atractiva lo tenía de fastidiosa y, una señora que resultó ser colombiana. Así quietecito como un muñeco enfrenté la tercera etapa de mi viaje.
¿Cómo deduje que la señora a mi lado era colombiana? Primero porque llevaba un libro en la mano de Alvaro Tirado Mejía, famoso historiador colombiano; segundo porque pidó mi ayuda en un claro acento bogotano para subir la maleta (debió ser por mis 2 metros de altura..jejeje más cerca del suelo no se pudiera). Miss fastidio me ordenó en inglés que le cambiara la manta o cobija de su puesto con el de la sra colombiana, uhmm, cipote de vieja y tan "india". Para saber que durante el trayecto se durmió en mi hombro (dormida era como un gatito)...Por supuesto así tieso y muy majo como iba, con el avión sacudiéndose como ebrio cada rato, dormir no era una opción válida.
Casi yéndome de cara ( o de "jeta" como diría un amigo mío), descubro que iban a repartir el sanck o brunch; ya con las anteriores dos etapas de mi viaje,ni para qué me ilusionaba. Pues fíjense que me dieron no solo el vaso con jugo que solicité sino que pusieron un sandwich grandecito y varias otras cosas que, en conjunto, me hicieron sentir satisfecho.
El tiempo pasó. Yo seguía viajando con mi huso horario. Arribé, de acuerdo con este,al aeropuerto Pistarini de la capital argentina a las 4 de la mañana (6: A.M hora local). Ya había hablado con Andrés, un colega colombiano que es mi amigo en la web y con quien compartimos intereses educativos y profesionales que, ya que él llegaba una hora antes me esperara, no solo nos haríamos compañía sino compartiríamos los gastos de bolsillo fuera del evento de Google al que íbamos. Siempre es bueno ver una cara conocida en medio de tanto gentío extraño (ni en Bogotá ni en Lima había sentido tanto movimiento de personas en el terminal aéreo). Nos sentamos, buscamos wi-fi, afortunadamente había, envié un par de mensajes (por supuesto tan temprano tampoco había quien respondiera mis mensajes en la casa). Pero antes de esto pasamos por migración, el protocolo de rigor, solo que vieron mi cara de crimen y a mi amigo no le dijeron nada, a mi, señor, por favor abra su maleta. Sacaron la ropa interior (nuevos por favor), la granola (llevé un paquete para merendar desde Colombia...y regresó integro y sellado de nuevo a mi patria chica), metieron la mano por aquí, por allá y un muchas gracias.
Una neblina espesa y baja envolvía los alrededores. A buscar abrigos y a tratar de localizar a Manuel Tienda León, el servicio de colectivos que nos llevaría al centro de la ciudad. Lo ubicamos relativamente fácil
Hasta aquí este segmento narrativo. Muy pronto contaré minucias personales de la estancia en la capital argentina.
Vuelo Lima-Buenos Aries, experiencias, anecdotas, primer viaje en Avion Argentina

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