Vuelo desde Buenos Aires hasta Bogotá comentarios, experiencias, recomendaciones

Vuelo desde Buenos Aires hasta Bogotá comentarios, experiencias, recomendaciones. ¿Que como fue mi vuelo de Buenos Aires hasta Bogotá? Bueno haré algunos apuntes al respecto pero hilvanando el presente relato con el anterior que di en llamar Por las calles de Buenos Aires Argentina.
El segundo y último día del evento de Google en territorio argentino empezó con salida desde el hotel sobre las 8 y 30 hora local, llevando con nosotros las maletas respectivas; caminamos las pocas cuadras de distancia entre el alojamiento y las oficinas corporativas. Pero antes de eso con Pablak habíamos hablado de una posibilidad: él vive en la ciudad y tenía habitación reservada una noche más que nosotros porque había llegado también a la concentración un día después. Nosofreció desocuparla para que nos quedáramos con Andrés sin pagar sobrecostos, de tal forma que pudiéramos pasear por la ciudad luego de culminado el meeting, sin la angustia de dónde íbamos a quedarnos. Teniendo la habitación de nuestro amigo solo una cama, pedimos conservar la que me habían asignado a mi que disponía de 2. No hubo contratiempo. En eso me parecieron los empleados del hotel bastante solícitos.
Regresemos a las oficinas de la empresa. Como siempre hubo comida en abundancia y sin restricciones. Los temas tratados de trabajo, a mi juicio, fueron lo de menos; lo que me quedó grabado, profundo e indeleble, fueron las personas que conocí, los seres humanos de distintas nacionalidades y tradiciones pero, que compartían en común, la pasión por la tecnología y su participación en los foros de Google.
Debido a mi formación, los besos en la mejilla solo los reservaba para mi abuelito, mi papá o mi hijo aún. Ya sabía que en Argentina es común que los hombres expresen su afecto recurriendo a este tipo de manifestaciones. Cuando recién llegué, hasta abrazos estuvo bien. Cuando nos despedimos, me vi sorprendido un poco cuando un par de colegas besaron mi mejilla; sin embargo, digamos que lo procesé relativamente rápido. Cuestión de costumbres imagino.
Nos quedaba medio día. Volvimos a juntarnos la colonia colombiana, a excepción de Felipe que partió ese mismo día. Andrés, Sofía, Juli, Ardila y Angel. Decidimos conocer el cementerio de la Recoleta en el cual Juli ya había estado. Nos fuimos caminando, verificando de cuando en cuando el rumbo en Google maps y sacando las fotos que pudimos.
Increíble, tumbas que podrían valer más que cualquier casa donde yo hubiera podido vivir hasta el momento, granito, mármol, lujos. Recuerdo que dije que ahi sí, en un sitio como estos valdría la pena morir. Exultante, delicioso, único.
Volvimos al hotel a descansar un poco. A buscar de nuevo las pizzas para cenar, a compartir un rato y a comprar un mantecol que me habían encargado. Nos acostamos relativamente temprano pues al otro día debíamos madrugar para el aeropuerto tanto Andrés, Ardila, como yo. En realidad solo Andrés debía estar tan temprano; no obstante decidimos tomar un solo taxi (por los costos y la comodidad) y quedarnos ubicados allí en tanto salían nuestros respectivos vuelos.
Nos despedimos de Andrés y lo dejamos en la respectiva puerta de embarque y nos fuimos con Ardila a desayunar, a tratar de enviar mensajes por internet a nuestras familias y a hacer un poco de tiempo, dio la casualidad que nos tocaba compartir avión luego todo se hizo un poco más sencillo.
Nos tocó un avión gigantesco (AR 1360) y mi puesto quedaba en la parte de atrás. Elegir ver una par de peliculas (ya tenía mas idea de como funcionaba esto); cuando llegó la hora del almuerzo nos ofrecieron varias cosas. Pedí lo más argentino que tuvieran. Me ofrecieron un locro, un platillo cuyos orígenes dicen se remontan al tiempo de la colonia y a las clases populares. Cuando lo probé, de alguna forma me hizo acordar del "calentado", que es la comida que queda del día anterior, se revuelve y se vuelve a servir para los de mejor apetito como yo.
Hubo demasiada turbulencia en el trayecto. Tanto que al final sentí marearme, me puse rojo como un papel de impresora justo cuando el aparato ponía sus ruedas en la pista de aterrizaje. Ardila, al verme así tan aparatoso me compartió una bolsa para el vómito. No fue necesario pero por poco.
Una vez más migración y, unas puertas después, fue preciso despedirme de mi compañero de vuelo, pues su escala salía por otra puerta diferente de la mía.
Ya en Colombia, me sentí en casa, a pesar de no ser de Bogotá y conocer muy poco de la capital colombiana; el transcurso de allí hasta mi residencia en Ibagué ya era básicamente protocolo.

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